miércoles, 25 de abril de 2018

EL CÓNDOR Y LA PASTORCITA

Leyenda del Ecuador
Todas las mañanas la veía pasar al frente de su rebaño de ovejas. Bella como una delicada flor, su sonrisa lo conquistó.
Elegantemente vestido, negro el traje y negro el poncho, blanca la bufanda, medio colorado el sombrero y de cuero pelado el zamarro que cubría las piernas. Así se asomó el desconocido, hombre grande y silencioso, al filo de la acequia.
La pastorcita, que estaba preocupada esa mañana pensando en cómo iba a hacer para cruzar la acequia con el rebaño, se alivió cuando él propuso ayudarle.
Poniendo un pie a cada orilla, el hombre de negro pasó una a una las llamas, y lo mismo hizo con el perro, compañero inseparable de la pastora; por último, tomó en brazos a la joven.
Entonces, de pronto, sacudió su poncho que repentinamente se transformó en dos enormes alas. Y para sorpresa de la muchacha, no la depositó en la orilla contraria junto a las ovejas sino que la llevó por los cielos. Se elevó cada vez más alto, cruzando las nubes y remontando los vientos hasta la peña más alta de la cordillera.
El perro, desesperado en loca carrera, fue a avisar a la casa de la pastorcita lo acontecido. Los padres la buscaron sin descanso, hasta que un día lograron verla en un nido en lo alto de la peña.
El cóndor la había hecho su mujer y con celo la custodiaba. Ellos, resignados, la lloraron. Nunca podrían subir hasta allí para rescatarla.

miércoles, 18 de abril de 2018

LA PIEL PINTADA

Cuento de Hadas chino
Autor, Pu Sung- Li (1740)
Vivía en T'ai-yüan un hombre llamado Wang. Cierta mañana paseaba por la calle cuando vio a una mujer que llevaba a cuestas un bulto y parecía tener prisa. Wang apresuró el paso, y al darle alcance vio que era una hermosa muchacha de unos dieciséis años. Muy asombrado, le preguntó a dónde iba tan temprano y sin que nadie la acompañara.
_ Un viajero como usted no puede aliviar mi desdicha -dijo la joven-, ¿por qué se molesta en hacerme preguntas?
_ ¿Cuál es tu desdicha? -dijo Wang-, haré por ti cuanto esté a mi alcance.
_ Mis padres -repuso ella- amaban el dinero y me vendieron como concubina a una familia rica, pero la mujer era muy celosa y me golpeaba e injuriaba día y noche, de modo que he huido.
Wang le preguntó a dónde se dirigía y ella respondió que una fugitiva no tiene morada ni destino.
_ Mi casa no está lejos -dijo él-, ¿aceptarías ser mi huésped?
Ella accedió alegremente y Wang, tomando eÍ bulto, la guió hasta su casa. Al no ver a nadie cuando llegaron, la muchacha preguntó dónde estaba la familia. Wang explicó que el aposento en el cual habían entrado era sólo la biblioteca.
_ ¡Qué sitio tan agradable! -dijo ella- Debo rogarle ya que usted es bondadoso y desea salvar mi vida, que no le diga a nadie que estoy aquí.
Wang prometió guardar el secreto y la muchacha permaneció algunos días en la casa sin que nadie se enterara. Pero Wang terminó por informar a su esposa, la cual, temiendo que la joven perteneciera a alguna familia acomodada, le aconsejó echarla.
Wang se negó rotundamente. Poco tiempo después tropezó en la calle con un sacerdote taoísta que lo miró fijamente y le preguntó con quién se había encontrado.
_ Con nadie _ repuso Wang.
_ ¿Cómo? _ dijo el sacerdote _ Tú estás embrujado, ¿cómo dices que no te has encontrado con nadie? Pero Wang insistió en su respuesta y el sacerdote se fue diciendo:
_ Hay idiotas que no reconocen a la muerte ni cuando la tienen encima.
Esto alarmó a Wang y lo hizo pensar en la muchacha. Pero una joven tan hermosa no podía ser bruja. Al regresar a su casa halló. la puerta de la biblioteca cerrada por dentro. Sintiendo que algo andaba mal, entró escalando la barda para encontrar que también la puerta del salón interior estaba cerrada. Se deslizó con cautela y atisbó por la ventana: un horrible demonio verde, con dientes puntiagudos como una sierra, extendía sobre el lecho una piel humana y la pintaba con un pincel. Luego, tirando éste a un lado, sacudió la piel como si fuese un abrigo y la echó sobre sus hombros; inmediatamente se transformó en la muchacha.
Wang huyó despavorido, el rostro bajo, en busca del sacerdote. Por fin lo halló en el campo y cayó de rodillas ante él implorándole que lo salvara.
_ Tu demonio quiere hallar alguien que lo sustituya _ dijo el sacerdote_ Sin duda está desesperado, no será fácil ahuyentarlo. Además, me resultaría insoportable dañar a un ser viviente.
Entregó a Wang una escobilla como las usadas para matar moscas, indicándole que la colgara de la puerta de su recámara. Ambos se despidieron tras acordar que se verían a la mañana siguiente en el templo de Ch'ing-ti.
Wang volvió a su casa, pero no se atrevió a entrar en la biblioteca. Antes de retirarse a dormir colgó la escobilla a la entrada de su cuarto. Poco después oyó pasos acercarse. No osando moverse, hizo que su esposa se asomara. Ella vio a la muchacha de pie, mirando la escobilla, sin atreverse a traspasar el umbral protegido. Por fin se oyó un chirrido de dientes y la joven se fue. Pero no tardó en regresar lanzando maldiciones y blasfemias.
_ Sacerdote, no me asustas _ exclamó _ ¿crees que voy a soltar lo que ya tengo en mis manos?
Hizo pedazos la escobilla y, abriendo la puerta de un empellón, fue directamente a la cama, rasgó el pecho de Wang y se marchó con el corazón aún palpitante entre las manos.
La esposa empezó a gritar y el sirviente acudió con una luz, pero Wang ya estaba muerto y presentaba un espectáculo lastimoso.
Su mujer, paralizada de miedo, apenas se atrevía a llorar por temor de hacer ruido. Al día siguiente envió al hermano de Wang a notificar al sacerdote.
_ ¿Fue para esto que te tuve compasión, siendo como eres un demonio? -exclamó indignado el taoísta.
Acto seguido fue a la casa de Wang. La muchacha había desaparecido y nadie sabía dónde podía estar, pero el sacerdote miró en torno y dijo:
_ Por suerte no ha ido lejos.
Preguntó quién vivía en las habitaciones del lado sur: el hermano de Wang las ocupaba con su familia. El sacerdote dijo que allí encontrarían a la muchacha. El hermano, muy asustado, repuso que no lo creía posible, y el sacerdote le preguntó si ningún extraño había llegado a su casa. El hermano había estado en el templo de Ch'ing-ti y no podía saber. Fue a preguntar y tras un rato regresó diciendo que una sirvienta anciana había llegado en busca de trabajo y había sido contratada por su esposa.
_ Ella es _ dijo el sacerdote.
El hermano de Wang agregó que la anciana estaba en la casa en esos momentos, y ambos se dirigieron allí. El sacerdote tomó su espada de madera y, plantándose a la mitad del patio, gritó:
_ ¡Demonio malnacido, devuélveme mi escobilla!
Dentro de la casa, la nueva sirvienta se mostraba cada vez más alarmada; corría de un lado a otro y finalmente trató de huir por la puerta, pero el sacerdote la derribó de un golpe. La piel humana se desprendió dejando al descubierto al demonio, que empezó a revolcarse gruñendo como un cerdo. Cuando el sacerdote lo decapitó con la espada, se convirtió en una densa columna de humo ascendente que el sacerdote introdujo en un frasco. Se oyó un ruido de succión y cuando todo el humo entró en el recipiente, el sacerdote lo cerró cuidadosamente y lo guardó en su faltriquera. Alzó la piel, perfecta en cada detalle, incluyendo cejas, ojos, manos y pies; la enrolló como un pergamino y estaba a punto de marcharse con ella cuando la esposa de Wang lo detuvo para suplicarle resucitar a su marido.
El sacerdote se declaró incapaz de hacerlo, pero la mujer se arrojó a sus pies e imploró su ayuda con grandes lamentos. El sacerdote quedó pensativo unos instantes.
_ Mis poderes no son los que tú crees _ dijo al fin _ No puedo resucitar a los muertos. Pero te daré las señas de alguien que sí tiene ese don y que te ayudará si se lo pides como debe ser.
La esposa de Wang preguntó quién era aquel santo y el sacerdote repuso:
_ Hay en el pueblo un loco que pasa el tiempo revolcándose en la inmundicia. Ve, arrodillate ante él y pídele ayuda. Si te ofende, no muestres señales de enojo.
El hermano de Wang conocía al hombre en cuestión; tras despedirse del sacerdote, fue a buscarlo en compañía de su cuñada. Lo hallaron cerca del camino; estaba tan sucio y apestaba tanto que ya acercarse a él era un sacrificio.
Cuando la esposa de Wang se postró a sus pies, el loco hizo una mueca de burla y exclamó:
_ ¿Me amas, hermosa?
La mujer expuso la razón por la que había venido.
_ Puedes conseguir muchos otros maridos _ dijo el loco sonriendo _  ¿para qué quieres resucitar a ése?
La esposa de Wang insistió en sus súplicas.
_ Qué raro _ dijo el otro _ la gente siempre me anda pidiendo que le resucite muertos. Esos locos me han de creer el rey de las regiones infernales.
Tomó su báculo y dio a la mujer una golpiza que ella soportó sin proferir queja alguna ante una multitud de espectadores que gradualmente aumentaba. El loco, a su vez, acrecentaba la fuerza de sus golpes como espoleado por las voces y las risas. A! cansarse tomó asiento en el suelo y empezó a amasar con sus escupitajos y con la inmundicia que cubría su cuerpo una bola que luego entregó a la mujer ordenándole que la tragara. Mediante un esfuerzo supremo, ella lo logró al fin. El loco entonces se incorporó entre carcajadas, y le gritó:
_ ¡Cuánto me amas! _  y se alejó sin hacerle más caso.
Lo siguieron, suplicantes, hasta un templo, pero allí el hombre desapareció y no pudieron encontrarlo.
Llena de rabia y de vergüenza, la esposa de Wang regresó a su casa y lloró largamente sobre el cadáver de su marido, deplorando lo que había hecho. Luego recordó que debía preparar el cadáver pues ninguno de los sirvientes quería acercarse a él, y se puso a cerrar la espantosa herida que había causado la muerte a Wang. Mientras esto hacía, descansando de vez en vez para llorar un rato a sus anchas, sintió en la garganta un bulto que ascendía. Pronto salió, con un chasquido, de la boca de la mujer, cayendo en la herida del muerto. Era un corazón humano. Empezó a palpitar emitiendo un vapor tibio y humoso y, muy emocionada, la esposa cerró al instante la herida. Pero no tardó en cansarse de sostener los bordes y el vapor escapaba por las ranuras; cortó entonces un trozo de seda y con él envolvió el torso de Wang. Friccionó vigorosamente el cuerpo y después lo arropó con cuidado.
En la noche, apartando las mantas, pudo ver que su esposo respiraba. Al día siguiente Wang vivía de nuevo, aunque el corazón le dolía y su mente se hallaba turbada como si no acabase aún de salir de algún mal sueño. En el sitio de la herida había una cicatriz del tamaño de una moneda, que desapareció poco después.

jueves, 8 de marzo de 2018

CANCIÓN DE CUNA

Cuenta la leyenda que Iain, el jefe de un importante clan escocés, era un joven atractivo del que las muchachas se enamoraban, pero él no acababa de encontrar su pareja ideal.
Un día, paseando por el bosque encontró una casa habitada por hadas. Entró y se enamoró de una de ellas, siendo correspondido.
Ella era una princesa y su padre se opuso rotundamente que se casara con Iain Mc Leod. El Rey temía que su hija sufriera puesto que las hadas viven eternamente y los humanos envejecen y mueren.
Sin embargo, compadecido ante la inmensa pena de su adorada hija le concedió estar con Iain durante un año y un día. Después de ese tiempo debía regresar al bosque con las demás hadas.
La princesa aceptó feliz y durante ese año quedó embarazada y tuvo un hijo.
Cumplido el tiempo establecido por su padre y antes de marcharse, el Hada le hizo prometer a su marido que nunca dejaría solo al niño ni le permitiría llorar, ya que ella no lo soportaría.
Pasado un tiempo, Iain dejó a su pequeño con una niñera mientras cenaba con sus amigos que intentaban sacarlo de la depresión en la que había caído por la desaparición de su esposa.
Sucedió que la niñera se durmió y el niño comenzó a llorar sin que nadie se acercara a consolarlo.
La princesa de las hadas escuchó el llanto de su hijo y acudió a su lado.
Lo levantó de la cuna, lo envolvió en su manto y le cantó una canción de cuna mientras volvía a acostarlo.
La niñera y el padre al escuchar la canción, dulce y aterciopelada, corrieron al cuarto del pequeño, pero no pudieron ver a la persona que cantaba.
Años más tarde el niño explicaría lo sucedido esa noche, la noche en que conoció a su madre.
Desde entonces, a todos los niños del clan Mac Leod se los duerme con esa melodía y se cree que son protegidos por las hadas.

martes, 16 de mayo de 2017

LA CIERVA DORADA

Leyenda irlandesa

Durante una cacería, Finn, rey de Irlanda, vio cruzar repentinamente a una hermosa cierva dorada. De inmediato los perros se lanzaron en su persecusión.
Luego de varias horas de carrera, llegaron a un valle, donde la cierva se detuvo y, agotada, cayó al suelo. Pero para asombro del rey, los perros no la atacaron sino que comenzaron a jugar alrededor de ella.
Finn ordenó que nadie la matara. Todos regresaron al castillo con la cierva y los perros siguiéndolos y jugando en perfecta armonía.
Esa noche, Finn se despertó sobresaltado. A su lado, una joven de increíble belleza, velaba su sueño. 
"Soy Sadv, querido Finn. Soy la cierva que perseguiste hoy. Hace tres años, por negar mi amor al druida del Pueblo de las Hadas, me hechizó condenándome a llevar esta forma. Pero uno de sus esclavos, un buen amigo, me confió que que si lograba entrar en tu fortaleza recuperaría mi forma original".
Finn, perdidamente enamorado, desposó a Sadv. Su amor era tan profundo que ya no sintió deseos de ir a la guerra, no deseó apartarse de su bella mujer.
Lamentablemente, una mañana llegó una terrible noticia: guerreros nórdicos se encontraban en la bahía de Dublin y se proponían invadir sus dominios.
Finn permaneció siete días fuera del castillo. Al regresar no encontró a la dulce Sadv. Preguntó a los sirvientes por ella sintiendo su corazón estallar por la angustia. Uno de ellos, con mucha pena y voz temblorosa le dijo: "Hace dos días creímos ver llegar a los nórdicos. Todos corrimos hacia el portal con el propósito de escondernos en el bosque. Pero en cuanto la reina Sadv lo cruzó, apareció un fantasma que la cubrió con niebla y en su lugar apareció una cierva dorada. Los perros se ensañaron con el animal obligándola a huir. Desde entonces no volvimos a ver a la reina".
Finn nunca volvió a ser el mismo. La tristeza lo invadió para no abandonarlo.
La buscó durante seis años por toda Irlanda. Finalmente, en una ocasión siguiendo el rastro de un jabalí, escuchó ladrar furiosamente a los perros, lo hacían a un pequeño desnudo de largos cabellos rubios.
El rey y sus hombres espantaron a los perros y condujeron al misterioso niño al castillo.
Cuando el pequeño se recuperó del susto, le contó a Finn que jamás conoció a sus padres, sólo a una bella cierva dorada, con quién vivía en un valle profundo y pacífico. Era feliz con la cierva que lo cuidaba con amor hasta que un día descendió sobre ella una extraña niebla haciéndola desaparecer.
Consternado por el relato, Finn comprendió que la cierva no era otra que su amada esposa y ese niño, su hijo, al que llamó Oisín, pequeño ciervo.
 

sábado, 22 de abril de 2017

ARTURO, GINEBRA Y LANCELOT...TRIÁNGULO TRÁGICO

Arturo ya era de Britania cuando decidió buscar esposa. Pidió consejo a Merlín, quien le preguntó si amaba a una mujer en concreto. Arturo respondió que amaba a Ginebra.
Merlín viajó  entonces para pedir la mano de la joven al padre, el rey de Leodegrance en nombre de Arturo.
El rey, honrado por la elección de Arturo, decidió enviarle la legendaria Tabla Redonda y cien caballeros como presente.
Merlín regresó satisfecho a Camelot portando las buenas nuevas.
Arturo envía enseguida a Lancelot, su mejor amigo y Jefe de Caballeros en busca de su prometida para conducirla hasta el castillo.
Una bella mañana de primvera ambos cortejos se encontraron. Ginebra montaba sobre un blanco corcel enjaezado en oro, llevaba un vestido verde con bordados dorados y, sin duda, era una mujer hermosa.
Bajo un manzano en flor, Lancelot le dio la bienvenida y en ese instante se enamoraron, pero mantuvieron en secreto sus sentimientos, al menos por el momento.
La boda se realizó en la Iglesia de San Esteban y a continuación festejaron con un exquisito banquete.
Ginebra se llevó bien con su marido, pero se enemistó con la hermanastra de Arturo, lady Morgana, al expulsar de la corte a su amante, sir Guiomar.
Ginebra y Lancelot no pudieron frenar su pasión. Pasado un tiempo, consumaron su amor, pero sus citas clandestinas no pasaron desapercibidas para el entorno de Arturo. Morgana vio la oportunidad de cristalizar su venganza contra Ginebra y la acusó de adulterio.
Arturo, diezmado por la traición, condenó a Ginebra a la hoguera.

Pero, durante los preparativos de la ejecución, Lancelot irrumpió en el lugar derribando a los caballeros que custodiaban a la reina, logrando rescatarla. Escaparon juntos.
Enterado el Papa de la turbulenta situación, ordenó poner paz obligando a Lancelot a llevar a Ginebra ante Arturo. El castigo fue, el convento para Ginebra y el destierro para Lancelot.
Ginebra tomó los hábitos en el convento de Amesbury, donde pasó el resto de su vida meditando.
Arturo murió enfrentándose a su hijo Mordred, quien quiso usurpar el trono de Britania.
Lancelot abandonó la vida de Caballero y decide abrazar la vida de monje ermitaño.
Años más tarde, tiene un sueño profético. Un ángel se le aparece y le dice que debe fabricar un féretro, ponerle ruedas y dirigirse con él a Amesbury donde encontrará muerta a la reina. Así lo hace, al llegar al convento recoge el cadáver de Ginebra y lo lleva a enterrar junto a Arturo en Glastonbury.


miércoles, 19 de abril de 2017

MITOS SOBRE EL ORIGEN DE LA MUERTE

En el principio de los tiempos, el hombre era inmortal. A medida que pasaban los años iban perdiendo la piel hasta hacerse jóvenes otra vez.
Pero ocurrió que en cierta ocasión una anciana no fue reconocida por su hijo cuando regresaba rejuvenecida a su casa.
Para tranquilizarlo volvió a ponerse su vieja piel. Desde ese fortuito momento los hombres se hicieron mortales.
Otro mito cuenta que en el comienzo, el Cielo estaba muy cerca de la Tierra, y el Creador solía hacer llegar sus dones a los hombres atándolos al extremo de una cuerda.
Un día les envió una piedra y ellos no quisieron aceptarla. Llamaron entonces a su Hacedor: "¿Qué haremos con esta piedra? Danos otra cosa".
Dios consintió. Poco tiempo después les envió una banana que fue aceptada con alegría.
Entonces escucharon una voz que, desde el Cielo, les decía: "Por haber elegido la banana, vuestra vida será como su vida. Cuando el banano da frutos, el vástago padre muere; así habrán de morir ustedes, y sus hijos ocuparán su lugar. Si hubieran escogido la piedra, sus vida habría sido como la vida de la piedra, inmutable e inmortal".

"Porque eso es la muerte: vivir ese instante dominado tan sólo por ese instante".  Juan Benet

viernes, 14 de abril de 2017

EL CALLEJON DEL BESO


Se cuenta que Doña Carmen era hija única de su padre intransigente y violento, pero como suele suceder, siempre triunfa el amor por infortunado que este sea. Doña Carmen era acortejada por su galán Don Luis, en un templo cercano al hogar de la doncella, primero ofreciendo de su mano a la de ella el agua bendita. Al ser descubierta sobrevivieron al encierro, la amenaza de enviarla a un convento, y lo peor de todo, casarla en España con un viejo y rico noble, con el que, además, acrecentaría el padre su mermada hacienda
La bella y sumisa criatura y su dama de compañía, Doña Brígida lloraron e imploraron juntas. Así, antes de someterse al sacrificio, resolvieron que Doña Brígida llevaría una carta a Don Luis con la nefasta nueva.
Mil conjeturas se hizo el joven enamorado, pero de ellas hubo una que le pareció la más acertada. Una ventana de la casa de Doña Carmen daba hacia un angosto callejón, tan estrecho, que era posible, asomado a la ventana, tocar con la mano la pared de enfrente.
Si lograra entrar a la casa que se erguía frente a la de su amada podría hablar con ella, y entre los dos, encontrar una solución al problema. Preguntó quién era el dueño de aquella casa y la adquirió a precio de oro.
Hay que imaginar cuál fue la sorpresa de Doña Carmen, cuando, asomada a su balcón, se encontró a tan corta distancia con el hombre de sus sueños. Unos cuantos instantes habían transcurrido de aquel inenarrable coloquio amoroso, y cuando más abstraídos se encontraban los amantes, del fondo de la pieza se escucharon frases violentas. Era el padre de Doña Carmen increpando a Brígida, quien se jugaba la misma vida por impedir que su amo entrara a la alcoba de su señora.
El padre arrojó a la protectora de Doña Carmen, como era natural, y con una daga en la mano, de un solo golpe la clavó en el pecho de su hija. Don Luis enmudeció de espanto…la mano de Doña Carmen seguía entre las suyas, pero cada vez más fría. Ante lo inevitable, Don Luis dejó un tierno beso sobre aquella mano tersa y pálida, ya sin vida.
Desde entonces el lugar es conocido como El Callejón del Beso.

jueves, 6 de abril de 2017

LA PRINCESA GIOMAR Y EL UNICORNIO

 
Gobernaba en Navarra el rey Sancho el Magnánimo que, tras muchos años de pelear contra los moros que amenazaban las fronteras del Reino, había conseguido llevar la paz a sus tierras. Sancho, casado con Doña Aldonza, tenía dos hijas, Violante y Giomar. Las dos eran hermosas, virtuosas y discretas. La primera era morena y la segunda rubia. Todos los que las conocían las querían y las respetaban y ellas iluminaban la vejez de sus padres. Una tarde, llegó al castillo un caballero que se dirigía a tierras lejanas. Nada más verse, el caballero y Giomar se enamoraron perdidamente el uno del otro. Al día siguiente, el joven prosiguió su camino y nunca más volvió, pues murió en la guerra. Giomar entristecía cada vez que pensaba en él, aunque nada dejaba traslucir para no preocupar a los suyos, que la creían totalmente feliz. Pasaron los años y Doña Aldonza murió. 
El luto se apoderó del castillo y sobre todo, se introdujo en el corazón del rey Sancho de tal forma que parecía agonizar de dolor. Ni la atención de sus hijas, ni los cuidados de sus hombres servían para nada. Aquel hombre fuerte y corpulento se iba debilitando día a día; sólo esperaba la muerte para ir a reunirse con su querida esposa. Muchos médicos y curanderos visitaron el rey pero ninguno conocía el remedio para curar su enfermedad. Un día llegó al palacio un ermitaño que pidió ver al enfermo. Después de observarlo con atención dijo: -Don Sancho sanará. Sólo necesita beber un brebaje que yo prepararé. La esperanza asomó a los rostros de todos los presentes; el ermitaño continuó: -Ahora bien, para que la medicina sea eficaz, deberá de tomar el brebaje en un vaso hecho con cuerno de Unicornio. Todos se miraron consternados. ¡No había ningún vaso de cuerno de Unicornio en el lugar! Las princesas estaban desilusionadas y apenadas.
El ermitaño, al ver el desconcierto que sus palabras habían causado, volvió a hablar. -¡No está del todo perdido! En el bosque de Betelu vive un Unicornio, tiene forma de caballo y un cuerno en la frente. Es un animal peligroso y de difícil captura, sólo se rinde ante las personas que tienen un alma pura y que no haya tenido penas de amor... Todos los ojos miraron a Violante y a Giomar. La hermana mayor se ofreció prontamente. ¡Ella iría en busca del animal!Y, en efecto, Violante se internó en el bosque de Betelu. Iba decidida y con paso firme. A los pocos minutos oyó, a lo lejos, el relinche del Unicornio y fue tal el miedo que se apoderó de ella que salió corriendo y no paró de correr y de llorar hasta llegar al castillo. Don Sancho, seguía empeorando. Giomar tomó la decisión de ir en busca del animal. Eligió los mejores ballesteros del castillo y fue al bosque.
Todavía sufría penas de amor por aquel caballero que un día conoció y sabía que corría un grave peligro, por eso dio orden a los ballesteros: -Manteneos atentos. Cuando veáis que el Unicornio me ataca disparad las saetas. Giomar se adelantó y esperó al animal. Este no se hizo esperar. Al ver a la joven se acercó, y cuando ella tendió la mano para acariciarlo, le acometió furiosamente atravesándole el cuerpo con el cuerno. Los ballesteros dispararon pero ya era tarde, Giomar había muerto. Los soldados llevaron al castillo el cuerpo de la muchacha y el cuerno del Unicornio. El rey Sancho el Magnánimo sanó, pero no vivió mucho pues la muerte de su hija le partió el corazón y ya no hubo medicinas para curarlo.


viernes, 17 de marzo de 2017

MARIPOSA NEGRA

 "Lo que la oruga llama el fin del mundo, el maestro llama la mariposa".

Cuenta la leyenda que, hace mucho tiempo, en un lugar lejano y aislado, una mujer cuyo marido había muerto hacía poco parió unos mellizos.
Aquel fue un gran acontecimiento para el pueblo en cuestión, pues además de ser algo extraño en aquel lugar, se consideraba que los mellizos daban buena suerte si se llevaban bien, y mala si se llevaban mal. Los habitantes del lugar dieron gracias al cielo cuando, unos pocos años después, comprobaron que los mellizos, Anabella y Marco, se llevaban realmente bien... demasiado bien.
Quince años después del nacimiento de los mellizos, su madre los encontró en un granero, besándose apasionadamente. Entre lágrimas, la pobre mujer escuchó cómo ellos trataban de justificarse, para acabar admitiendo que se amaban desde siempre.
Su madre sabía que todos los habitantes del lugar les harían cosas horribles a sus hijos si se enteraran, por lo que calló, y no le pesó, pues adoraba a sus hijos y comprendía su amor.
Pero, poco después, alguien les delató. Nadie supo nunca quién fue, aunque muchos sospecharon de un joven llamado Peter, que estaba perdidamente enamorado de Anabella.
Nada más ser difundida, la noticia corrió como la pólvora, y pronto lo supo todo el pueblo. Todos sus habitantes fueron a buscar a los mellizos a su casa, y los ataron a postes de madera. Entonces los prendieron para que se quemaran vivos, entre las súplicas de los jóvenes y los sollozos de su madre.
Aquella misma noche, la pobre mujer, que seguía frente a los postes, llorando a sus hijos, observó llena de asombro como las cenizas de los mellizos eran elevadas por un viento salido de la nada, y de pronto, estas se convirtieron en mariposas negras, que volaron alrededor de la mujer, mientras que las voces de sus hijos le susurraban palabras de consuelo.
Desde entonces, se dice que los mellizos, encerrados en el alma de las mariposas negras y con la voz del viento, ayudan a los amantes que se profesan un amor prohibido.
La mariposa negra, que hace su aparición sólo unos pocos meses al año, es un símbolo de mala fortuna y una advertencia de malos tiempos por venir. Pero el peor error que puede cometerse respecto a ella es matarla: quien mata a una mariposa negra tiene sus semanas contadas.
Según la otra versión de la historia, la mariposa negra invita, con sus constante revoloteo en torno a la persona a cuestión, a ésta a seguirla a las profundidades del campo, en donde tiene lugar una extraña metamorfosis a través de la cual la mariposa aumenta de tamaño en materia de segundos y devora al infortunado seguidor.

sábado, 11 de marzo de 2017

EL CABALLERO CISNE

En la ciudad de Cleves, la duquesa Elsa quedó viuda. Además de la inmensa tristeza por haber perdido a su compañero, la angustia se apoderó de ella cuando un vasallo de su difunto esposo reclamó para sí el ducado.
Ese hombre llamado Telramund, arrogante y osado, pidió en matrimonio a Elsa alegando que esa era la única manera de que ella pudiera seguir ostentando el título de duquesa.
Elsa suplicó a los caballeros del ducado que la ayudaran a derrotar a Telramud. Pero éste, lejos de amedrentarse, desafió a todos a medir sus fuerzas en un combate.
Llegó el día de la prueba, y Elsa,vestida de luto y con el alma acongojada pero con porte digno, apareció en la explanada del castillo donde esperaba la multitud y los caballeros blandían sus lanzas y lucían sus brillantes armaduras.
Entonces, el malvado Telramud se presentó ante el pueblo y tomando la mano de Elsa, arengó a los soldados para que obtuvieran a la bella viuda y con ella, al ducado. Sus seguidores rompieron en aplausos, mientras que la multitud que presenciaba el espectáculo, compadeció a Elsa.
Ningún valiente se presentó para el combate cuerpo a cuerpo. Telramud, convencido de su victoria, repitió el desafío dos veces más. Elsa, desesperada, sintió que su mindo se desplomaba.
Todas las miradas estaban clavadas en la duquesa que rezaba con los ojos llenos de lágrimas. En el momento en que la cruz de oro comenzó a temblar entre sus manos, una pequeña barca apareció navegando en el río. Una extraña y hermosa barcaza arrastrada por un cisne blanco, y en ella un apuesto caballero.
Al llegar a la orilla, el caballeró bajó de la barcaza ante el asombro de los espectadores allí reunidos. En su mano blandía una poderosa espada. Con una simple señal del caballero, el cisne abandonó la orilla y continuó navegando por el río abajo hasta desaparecer.
El extranjero avanzó con paso firme hasta llegar a la asamblea. Allí presentó sus respetos a los presentes y se arrodilló frente a la duquesa. Volviéndose hacia Telramund le dijo que aceptaba el reto.
El combate comenzó, las espadas de los contrincantes lanzaban chispas cortando el aire. Telramund, furioso por la intromisión del extraño caballero.
La lucha pareció durar una eternidad, pero finalmente se impuso la destreza del extranjero que con una estocada certera le atravesó el corazón al traidor.
La explanada entera estalló en un grito de algarabía.
Lohengrin, así era el nombre del caballero cisne, le rogó a Elsa que se casara con él. Ella aceptó feliz. Y el sentimiento que había comenzado como gratitus se convirtió en un amor apasionado.
En el día de la boda, Lohengrin le pidió a Elsa que le hiciera una misteriosa promesa, una promesa que debía cumplir pasase lo que pasase. Jamás debía preguntarle su nombre ( de hecho la joven no lo sabía). A Elsa  le pareció justo, dado que su futuro marido le había otorgado la libertad.
Pasaron los años, ellos fueron muy felices y de su unión, nacieron tres hijos.
Pero un nefasto día, Elsa empezó a preguntarse por el linaje de su marido. Le entristecía que sus hijos nunca pudieran llevar el apellido de su padre.
Nada más salir la pregunta de los labios de Elsa, Lohengrin con el rostro descompuesto, abrazó tiernamente a su esposa y sin decir palabra abandonó el castillo.
Mientras Elsa lloraba sin consuelo, Lohengrin llegaba a la orilla del río. Con dolor hizo sonar un cuerno de plata y al instante, apareció la barcaza que lo había traído años atrás. El cisne blanco que lo conducía se deslizó suavemente hasta el caballero. Este subió al bote y desapreció para siempre.
Poco tiempo después, elsa murió de pena.

jueves, 9 de marzo de 2017

ANGELES ITINERANTES

Cuenta la leyenda que dos ángeles, disfrazados de peregrinos, hicieron noche en el hogar de una familia pudiente.
Sus integrantes eran de mala ralea, groseros al punto que hospedaron a los viajeros en el sótano en lugar de la habitación de huéspedes.
Cuando hicieron sus camas en el piso de piedra, el ángel más viejo vio un agujero en la pared, y lo reparó.
El ángel más joven, sorprendido, le preguntó por qué lo hizo. El otro le respondió:
"Las cosas no siempre son lo que parecen"
La noche siguiente los peregrinos se hospedaron en un hogar muy pobre, pero el matrimonio de granjeros fueron sumamenye hospitalarios.
Después de compartir una magra cena, los esposos dejaron dormir a los ángeles en la cama de ellos para que estuvieran cómodos.
Cuando el sol anunció un nuevo día, los ángeles encontraron al granjero y a su mujer acongojados. Su única vaca, de la cual obtenían dinero por su leche, yacía muerta en el campo.
El ángel joven, ofuscado, preguntó a su compañero por qué permitió que sucediera semejante desgracia.
_ El hombre primer hombre tenía todo y lo ayudaste. La segunda familia tenía poco y lo compartió todo con nosotros...¡y dejaste morir a su única vaca!
_ Las cosas no son lo que parecen _ respondió lacónicamente. Luego le explicó.
_ Cuando permanecimos en el sótano de la mansión, noté que había oro en ese agujero de la pared. Puesto que el propietario era tan avaro y poco dispuesto a compartir su buena fortuna, sellé la pared para que jamás la encuentre.
Ayer por la noche, cuando dormimos en la cama de los granjeros, la muerte vino por su esposa. Le dí la vaca en lugar de ella.
Has visto compañero, "las cosas no siempre son lo que parecen".

lunes, 27 de febrero de 2017

EL BESO DE LA LUNA

El joven Endimión solía dormir desnudo en una cueva, y en las noches cálidas lo hacía fuera de la cueva.
Desde allí podía observar el rostro puro de su amada Selene, la luna.
Ella era ajena a los sentimientos del muchacho hasta que una noche estrellada lo descubrió tendido sobre una manta en la entrada de la cueva. Admiró su espléndida desnudez quedando perdidamente enamorada de él. Permaneció a su lado haciéndole compañía sin él enterarse.
Endemión la amaba de día y Selene, por las noches.
Cierta vez, mientras Selene, embelesada, velaba su sueño, él despertó.
¡Cuán grata fue la sorpresa de hallar a su amada cerca de su corazón!. Desde ese instante la pasión no los abandonó. Cada noche era un ritual de besos y caricias que los transportaba a un mundo mágico teñido de sensualidad.
Endemión comenzó a envejecer, en cambio Selene, no. Se negaban a que la Muerte los separara. Aturdidos y preocupados recurrieron a Zeus.
El poderoso dios los ayudó hechizando a Endemión: durante su sueño no envejecería. Sólo podía despertar en el momento que Selene lo visitara. Y así, gracias a este ardid pudieron amarse durante toda la eternidad.


domingo, 9 de agosto de 2015

Una de terror...LA TIMIDA CAPERUCITA

Las sombras de la noche, como un manto de terciopelo, cubrían el bosque.
Por un sendero serpenteante, a paso lento, avanzaba una joven embozada en una capa roja.
El miedo y el frío la hacían tiritar. Aunque la solidaria luna, le indicaba la dirección correcta que debía tomar; ella, perpleja y confundida, una y mil veces tomaba la ruta errada.
Frustrada, se desplomó sobre una roca. Como de costumbre, el bosque la seducía y la amedrentaba; la excitaba y la paralizaba. El viento y su música macabra, la invitó a una danza mágica que le robó el aliento.
De pronto, un ruido apenas perceptible, la alertó. Alguien se acercaba.
_ ¿Qué haces aquí sola y a estas horas?_ un hombre corpulento la sorprendió con su inesperada aparición.
_ Simplemente me extravié_ respondió desconfiada.
_ Me dirijo a mi choza, no está lejos, si lo deseas puedes pasar la noche allí. No temas, soy el guardián de estos bosques. Te acompaño y luego continúo con mi ronda de vigilancia. Pasamos por tiempos violentos, ¿sabes?.
Con una sonrisa tímida transigió ante el amable ofrecimiento.
Al llegar, el hombre le preparó un té. Ella lo aceptó agradecida.
_ Es peligroso que una jovencita hermosa transite por estos bosques sin protección tan entrada la noche. En el pueblo cuentan sobre la existencia de una criatura feroz, un lobo quizá_ le guiñó un ojo con astucia_ nadie lo sabe...Se alimenta de las entrañas de aquellos desprevenidos, que desorientados se pierden en el bosque.
La mirada amenazante del guardebosque la perforó. Un sudor frío le recorrió el cuerpo. El corazón comenzó a latirle con una fuerza singular. Sintió un agudo dolor en sus extremidades...
_ Si tienes miedo puedo quedarme. 
Se acercó a ella con lascivia. Cuando intentó someterla, un ser aterrador saltó sobre él, clavando los filosos colmillos en su cuello. Murió desangrado.
En un rincón de la choza, apenas iluminada por el fuego de la chimenea, la dulce Caperucita, con apetencia golosa, se saboreaba los dedos impregnados de sangre de su desconcertado atacante.

miércoles, 5 de agosto de 2015

EL MENSAJE EN EL ROBLE

Tres muchachos y tres muchachas se dirigían a Florida; subieron al micro con sandwiches y gaseosas, mientras soñaban con playas doradas a medida que la niebla y el frío de Nueva York quedaban atrás. En el camino hacia el sur empezaron a notar la presencia de un hombre enjuto. Estaba sentado frente a ellos, vestido con un traje común que le sentaba mal y sin que ninguna expresión le animara su rostro cubierto de polvo. Su edad era incierta.
Era ya entrada la noche cuando el micro se detuvo frente a un restaurante al costado de la ruta, en los alrededores de Washington D.C. Todos los pasajeros bajaron, menos el hombre.
Los jóvenes comenzaron a pensar en él, tratando de imaginar quién sería: acaso se trataba de un capitán de navío retirado, de alguien que huía de su esposa o de un viejo soldado que retornaba a su hogar.
Cuando volvieron al vehículo, una de las muchachas se sentó a su lado y se presentó.
_ Vamos a la Florida_ le dijo con entusiasmo_ He oído decir que es muy hermosa.
_ Lo es_ repuso él en voz baja, como si recordara algo que había tratado de olvidar.
_ ¿Quiere un poco de vino?_ le ofreció ella.
El hombre sonrió, bebió un sorbo, dio las gracias y se recogió nuevamente en el silencio. La chica volvió con sus amigos, y el hombre comenzó a cabecear.
A la mañana siguiente la muchacha se sentó  junto al hombre otra vez, y al caba de un rato de conversación, él decidió contarle su historia. Muy serio le dijo que había pasado los últimos cuatro años en una prisión de Nueva York, y que en ese momento regresaba a su hogar.
_ ¿Es usted casado?
_ No lo sé.
_ ¿No lo sabe?
_ Verá usted...Desde la cárcel le escribí a mi esposa y le dije que iba a estar ausente mucho tiempo, que si ella no podía soportar la situación, si los niños insistían en hacerle preguntas, si sufría mucho...en fin, que podría olvidarme. Yo lo comprendería. "Consíguete un nuevo compañero", le dije, "y no pienses más en mí". Ella es una mujer admirable, realmente fuera de lo común. Añadí que no necesitaba escribirme. Y no lo hizo; no recibí una carta suya en tres años y medio.
_ ¿Y va usted a casa ahora sin saber nada de ella?
_ Sí_ repuso con tristeza_ La semana pasada, cuando estuve seguro de que me concederían lbertad condicional, le escribí una carta. Hay un gran roble a la entrada del pueblo donde vivimos. Le dije que si estaba dispuesta a recibirme otra vez, pusiera un pañuelo amarillo en el árbol; entonces yo bajaría del ómnibus e iría a casa. Si ya no me quería, no tenía que poner el pañuelo amarillo y yo seguiría mi camino.
_ ¡Ah!_ exclamó la muchacha.
Fue a contar la historia a sus compañeros y pronto todos rodearon al hombre mientras se acercaba a su pueblo. El les mostró fotos de su esposa y de sus tres hijos. Ella era bella en su sencillez, y los rostros de los niños apenas se distinguían, arrugadas y descoloridas de tanto mostrarlas.
Para entonces se hallaban a 30 km del pueblo, y los jóvenes se acomodaron junto a las ventanillas de la derecha, en espera de ver aparecer el roble.
De pronto el ambiente se puso sombrío, lleno del silencio de la ausencia y los años perdidos. El hombre dejó de observar; su rostro se endureció con la expresión del ex presidiario, como si se dispusiera a afrontar un nuevo desengaño.
Faltaban 15 km para llegar, y luego, sólo 10. De repente todos se levantaron de los asientos, exaltados. Todos, menos el hombre.
Estupefacto, vio entonces el roble. Estaba cubierto de pañuelos amarillos_ 20, 30 o quizá cientos de ellos_ que ondeaban al viento como banderas de bienvenida.
Mientras los muchachos lo felicitaban a gritos, el viejo ex presidiario se levantó del asiento y caminó hacia la puerta del ómnibus para bajar y "volver a su hogar".

lunes, 8 de junio de 2015

Un amor fatal: El Cristiano y la Mora Una leyenda de la Vieja España

En los tiempos en que los árabe todavía gobernaban en partes de Espanña, allá por el año 1445, vivía en Sevilla un modesto comerciante de telas, llamado Aben-Jesuf, ya entrado en años y viudo. Vivía con su hermosa hija llamada Zoraya.



El negocio de Aben-Jasuf le daba para atender a sus necesidades y vivía contento, porque había podido dar una vida cómoda a su hija, que había crecido lozana y hermosa como pocas en Sevilla. A pesar de estar contento con su suerte, Aben-Jasuf era un hombre adusto, de pocas palabras y de pocas sonrisas. Contrario al carácter de su hija que siempre fue una niña alegre, vivaracha y amorosa y atenta con su padre.. Pocas veces acompañaba Zoraya a su padre en los negocios, pues casi no salía de su casa, pero siempre que aparecía en la calle, tanto árabes como cristianos admiraban su belleza, de hermosas y atractivas formas aunque aún no llegaba a los 18 años; pero sobre todo les atraían aquellos fascinantes ojos negros de mirada profunda y misteriosa, llenos de promesas de amor y pasión. Sobra decir que su padre la cuidaba con el celo con que se protege una joya valiosa.
Zoraya no sabía de las cosas del mundo, más que lo que su padre le contaba, y no conocía más tierra que de la calle de su casa a la tienda y bel cielo que veía desde el patio de su casa. Para los árabes había dos cosas sagradas: el Corán y las mujeres. Y el padre de Zoraya, aunque confiaba en la bondad natural de la joven y sabía que era una muchacha virtuosa, no descuidaba su casa. Por eso cuando empezó a notar cierta tristeza en su hija, falta de apetito y unas ojeras que afeaban sus lindos ojos y el color brillante de su rostro, pensó que alguna extraña enfermedad la acosaba. Lejos estaba de pensar Aben-Jasuf que aquellos síntomas fueran de enamoramiento., tenía que ser un problema de salud y buscó auxilio. Pero las atenciones del médico no la pudieron mejorar. La fiebre le subió altísima y la joven cayó en un letargo del que nunca despertó. Alá lo quiso, murmuraba el desventurado Aben-Jasuf con frases entrecortadas por el llanto.
Pasaron los días, pero no la pena, hasta que un día encontró fuerzas para entrar al cuarto donde murió su hija, que había estado cerrado desde entonces. Largas horas pasó en esa habitación y al fin se lo vio salir con el rostro demudado. Cerró su tienda y se dirigió al Alcazar. "Necesito ver al Rey _ le dijo al Alcalde_ Vengo a pedir justicia."
Gobernaba en el Alcazar de Sevilla el Rey Ebu-Abed, hombre poderoso, noble y justo. Cuando Aben fue recibido, con mucho respeto y gran dolor expuso ante el rey que en un cofre de su hija había encontrado varias cartas, de donde concluía que su hija había preferido morir a fin de evitar a su padre la vergüenza de verla deshonrada. Una de las cartas decía:Por Alá te pido no hables de morir. Dices que es muy tarde y que tu resolución está tomada, pero debes de saber que si alguna afrenta a causado mi amor, yo estaría dispuesto a lavarla con mi sangre, pero tú no debes morir, Zoraya mía". Muy clara estaba firmada por Abu-Zaid.


_ Señor _ decía Aben _  A tus plantas me he arrojado escondiendo el rostro que enrojece el deshonor. Haced que me levante con la promesa y seguridad de que la sangre del malvado borrará la deshonra, ya que no puede borrar la amargura de mi alma.
El sultán le aseguró que se haría justicia, y después de algunos días, por fin se pudo encontrar al hombre que se llamaba Abul-Zaid. Era un joven de arrogante figura, que cuando supo de que se lo acusaba aseguró que nunca en su vida había visto a la hija del comerciante, mucho menos haber tenido trato con ella, y que apenas había llegado a la ciudad donde antes nunca había estado. Pero sus alegatos fueron inútiles. La orden del Rey fue que lo decapitaran en público, una vez que se hubiera pregonado su delito, para que sirviera de escarmiento a todos en Sevilla, tanto a árabe como a cristianos.
Cuando llegó el día en que se cumpliría la sentencia, la plaza estaba colmada de personas poseídas por el espanto. Si el Rey lo ordenaba, esa era la voluntad de Alá.
Trajeron al reo que gritaba su inocencia. El sol destellaba en la cimitarra del verdugo, pero cuando el oficial iba a dar la orden...se oyó el tropel de un caballo que se acecaba atropellando a los que le estorbaban. Era un español gritando en árabe:"¡Alto, por el amor de Dios,alto!"
Nadie entendía lo que sucedía. El perdón no podía ser, la justicia era inflexible y en todo caso no sería un cristiano el mensajero del sultán. De entre la multitud se acercó Aben-Jasuf e interrogó al caballero.
_¿Qué traes cristiano, por qué en nombre de Alá pides la vida de este infame que olvidó nuestras leyes y ultrajó mis canas?
_Aben-Jasuf_contestó el español_ este hombre es inocente. Lejos de Sevilla me encontraba  cuando me enteré que iba a ser ejecutado un hombre inocente. Que lo sepan todos, que lo sepa tu Rey y tu justicia. Yo fui el que sedujo a Zoraya, yo el que escribió esas cartas creyendo inventar un nombre puse el de este infeliz al que ha condenado la ley de la tierra, que a veces se equivoca; pero a mí me ha condenado mi conciencia y esa nunca se equivoca.
Los dos fueron llevados ante el Rey que admiró el valor del cristiano. Dejó en libertad a Abu-Zaid, y al cristiano lo mandó a la cárcel. A los tres días cuando fueron a buscarlo, se encontraron con que había escapado.
El viejo Aben-Jasuf ya no pensaba tanto en la venganza, todos esos acontecimientos y la tristeza lo estaban acabando. Cerraba temprano la tienda y se recogía en su casa. A los pocos días de la desaparición del cristiano, una noche en que el comerciante metía la llave en la cerradura de la puerta de su casa, sintió que algo rozaba su turbante con insistencia, volteó a todos lados y no vio ni escuchó nada, de manera que no le dio importancia. Entró y cerró la puerta. Pero al día siguiente, los madrugadores vieron sobre la puerta de Aben-Jasuf, pendiente de una cuerda, atada a las rejas del balcón del cuarto de Zoraya, el cuerpo del cristiano prófugo, con un escrito asido en su mano: "Justicia que hace a sí mismo un noble hijo de Castilla. Zoraya no debió morir por mi culpa, yo debí haber muerto por ella".
La leyenda cuenta que el Rey, impresionado por el valor del castellano, mandó que su cuerpo fuera enterrado con todos los honores.

domingo, 24 de mayo de 2015

EL CHAJA, leyenda guaraní

Curundú y Yací se amaban apasionadamente. A la luz de la luna se juraron amor eterno haciendo que sus sangres se mezclaran, abriéndose heridas en los brazos con una uña de caracará. 
Poco después el Cacique Itapé, jefe de la tribu, llamó a su hja Araí,tan hermosa como altiva, y le dijo:
_"Me estoy muriendo y no tengo ningún hijo varón. Preciso que te cases y me des un nieto capaz de sucederme al mando de la comunidad. ¿Cuál de todos los guerreros te agrada como esposo?
_Curundú_ respondió la joven sin vacilar_ pero él está ciegamente prendado de Yací y no me corresponde".
Llamado a la presencia del Cacique, se negó a casarse con Araí, aún a sabiendas del castigo que le esperaba de acuerdo a las costumbres de la tribu.



Lo amarraron a un algarrobo y lo dejaron para que se lo devoraran los urubúes.
Yací, al enterarse, fue a morir junto a él.  



A la noche se hizo presente Curupí, el genio de los enamorados. "Vengo a salvarlos porque un amor como el de ustedes no puede morir. Los convertiré en un casal de aves que será símbolo eterno de fidelidad."
puso sobre ellos sus manos y los convirtió en dos grandes aves de plumaje oscuro y fuertes puones, que se elevaron por los aires en majestuoso vuelo, lanzando el grito onomatopéyico que les daría su nombre: Chajá.
Se dice que no se puede separar a la pareja de Chajás, porque si esto sucede ambos mueren.                                                                                   
                                                                  


jueves, 21 de mayo de 2015

El colibrí, recolector de almas



Cuenta una leyenda guaraní, que la muerte no es el final de la vida, pues el hombre al morir, abandona el cuerpo en la Tierra, pero el alma continúa su existencia.El alma se desprende y va a ocultarse en una flor a la espera de un ser mágico. Entonces aparece el COLIBRÍ y recoge las almas de las flores para guiarlas al Paraíso. Esta es la razón de que vuele de flor en flor.
 Antiguamente se creía que el COLIBRÍ provenía del país de las hadas, por ser tan etéreo y de maravilloso colorido. Si uno de ellos se acerca a una casa, es señal de que habrá gratas visitas y que un alma será guiada al Paraíso.

LEYENDA MAYA

Los dioses crearon todas las cosas en la Tierra. A cada animal, a cada árbol y a cada piedra le encargaron un trabajo. Cuando terminaron, notaron que no había un encargado de llevar sus mensajes de un lugar a otro. Tomaron, entonces, una piedra de jade y con ella tallaron una pequeña flecha. Soplaron sobre ella y la flecha salió volando. Ahora tenía vida, los dioses habían creado al ts´unu´um, el COLIBRI.
Era tan frágil y ligero que podía acercarse a las flores más delicadas sin mover un solo pétalo, sus plumas brillaban bajo el sol reflejando un arco iris de colores.
Los hombres trataron de atrapar a esa hermosa criatura para adornarse con sus plumas. Los dioses al descubrir semejante barbaridad, se enojaron y declararon :" Si alguien osa atrapar algún COLIBRÍ, ése morirá".
De esta forma es que esta misteriosa ave ha podido llevar a cabo la tarea que le asignaron los dioses.

Si alguien te desea el bien, el COLIBRÍ tomará ese deseo y lo llevará hacia tí.



LEYENDA PERUANA

En una ocasión el COLIBRÍ estaba pensativo mirando al cóndor y la altura que tomaba en sus vuelos. Suspiró porque él no podía volar a esas alturas. Su deseo más profundo era poder ver a Dios de cerca.
Entonces, un buen día , se acercó sigilosamente al cóndor y se montó en su lomo. Cuando el cóndor remontó vuelo y llegó a lo más alto del firmamento, el COLIBRÍ pensó :"Esta es mi oportunidad". Tomó fuerzas y comenzó a volar cada vez más arriba. Así consiguió ver y conversar con Dios.
Luego se subió nuevamente al cóndor y regresó a la Tierra.
Por este motivo es el ave más inteligente del planeta porque ha logrado platicar con el mismísimo Creador.



LEYENDA GUARANÍ

Cuenta el amor prohibido entre dos jovenes, Flor y Agil, pertenecientes a tribus enemigas.

En un bosque esmeralda, junto a un arroyo de plata,
una antigua leyenda surgió, de una pareja de enamorados,
que de su pasión, se embriagaban al alba.
Una hermosa doncella érase Flor,de azabache mirada
Agil,un gallardo doncel, de la tribu rival.
Al ocaso la tragedia cayó; el padre de Flor descubría aquel celoso secreto
y los amantes no pudieron contemplarse más.
Desesperada ella suplicó la muerte.
Tupá, el viento benévolo, de la joven se apiadó,
y en fragante flor la convirtió,
su amiga la luna, a Agil ésto le contase.
¡Tupá! ¡Tupá!, al viento invocó,yo sé que en los pétalos de Flor,
el sabor de sus besos reconoceré,
así una bella metamorfosis sufrió,
en grácil pájaro multicolor, el viento lo convirtió.
Los ancianos sabios de la tribu cuentan desde aquel día,
Agil prueba ávidamente, los labios de las flores, pero una, sólo una,
la felicidad le puede brindar,
los labios rosas de su amada, que algún día ha de encontrar.


sábado, 16 de mayo de 2015

La Telesita


                                           POBRE NIÑA QUE UN FOGON
                                           TU CUERPECITO CALCINO
                                           Y EN LA NOCHE DE LOS TIEMPOS
                                           TODO EL PUEBLO LLORO


Cuenta la historia que Telésfora vivía en los montes de Santiago del Estero. Era muy pobre, por eso andaba siempre descalza y en harapos.Un día de invierno, "la Telesita", vio en lo profundo del monte el resplandor de una fogata. Ella era muy inocente, por lo que se acercó al fuego para calentar su cuerpo sin medir las consecuencias. De repente una llamarada encendió su humilde vestido. Pronto el fuego se apoderó de su cuerpo. Ella se echó a correr desesperadamente, pero el fuego cruel la calcino.
La gente del pueblo se extrañó porque esta muchacha, amante del baile, no concurrió esa noche a uno que se hacía. Al otro día la encontraron quemada y todos la lloraron.
Dicen que su alma suele aparecer cerca de las rancherías de los peones que trabajan en los montes. Ella busca compañía. Dicen que es una mujer joven y bella, de una inmensa bondad, pero presa de un gran dolor. Muchos creen en sus "milagros", por lo que se realizan en su honor "las telesiadas", para obtener sus favores. Son bailes en los que abunda el vino y la aloja y se baila hasta el amanecer.                                     



                                         Y ASI TE VERAN BAILANDO 
                                                          LOCA EN CADA AMANECER
                                                                       COMO METIDA LA DANZA
                                                                                    MUY ADENTRO DE TU SER.

jueves, 14 de mayo de 2015

Anahi. ceibo en flor

En las riberas del río Paraná, vivía una indiecita fea, de rasgos toscos, pero dueña de una voz angelical, llamada Anahí. En las tardecitas de verano deleitaba a toda su tribu con canciones inspiradas en sus dioses y en el amor a la Pachamama.
Pero un día, llegaron los invasores y con ellos la crueldad. Esos seres de piel blanca les arrebataron sus tierras, sus dioses y lo más inaudito...su libertad.
Anahí fue capturada para servir como esclava. Pasó mucho tiempo llorando y en vigilia. Cierta noche uno de los soldados quiso aprovecharse de su inocencia. Ella para defenderse le clavó un puñal en el pecho y huyó.
El grito del moribundo despertó a los demás españoles, que salieron en su persecución. Una persecución que se convirtió en cacería.
La atraparon y la sentenciaron a morir en la hoguera. La ataron a un árbol y le prendieron fuego. Algo extraño sucedió, las llamas parecían no querer tocar a la doncella que sufría en silencio. Cuando el fuego comenzó a subir, Anahí se fue convirtiendo en árbol, identificán
dose con la planta en un asombroso milagro.
Ala mañana siguiente, los soldados se encontraron con un hermoso árbol de hojas verdes relucientes y flores rojas aterciopeladas que se mostraba en todo su esplendor, como símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento y la injusticia.